martes 9 de junio de 2009

Un poco de historia (I)

Hay algunos nombres importantes en la historia del Circo Ringling: P. T. Barnum, James Bailey, los Ringling Brothers, Irvin Feld... de hecho, el nombre completo del circo es Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus, ahí es nada.

El primero, P. T. Barnum era un animador-presentador americanos al que se recuerda, sobre todo, por sus entretenidos espectáculos tipo hoax y por fundar el circo que luego se convertiría en el Circo Ringling (acorto el nombre, que es muy largo). El tal Barnum quiso retirarse del mundo del espectáculo en el año 1885 pero las deudas no le dejaron y tuvo que regresar para pagarlas. Más adelante, en 1871, Dan Castello y William C. Coup le convencieron para prestar su famoso nombre y forro financiero al circo que ya habían creado en Delavan, Wisconsin. Así, se creó el "P.T. Barnum's Great Traveling Museum, Menagerie, Caravan, and Hippodrome", que fue el verdadero principio del continuo funcionamiento de la encarnación actual del circo. Él pronto añadió, "The Greatest Show on Earth" como subtítulo a su show. De hecho, esta frase continúa hoy en día como frase registrada, a modo de eslógan, por el Circo Ringling.

También aparece en al historia de este circo el nombre de James Anthony Bailey, que formó equipo con James E. Cooper para crear el Cooper and Bailey Circus en los 60 pero no de nuestra época, sino de los 1800. Este circo se convirtió en la china en el zapato de Barnum y fue el primero en exhibir la lámpara incandescente en 1979. Un listillo, porque lo hizo un añño antes de que Edison la patentara, aquí el que no corre vuela. Entre sus muchos logros, también está el haber exhibido "Little Columbia", el primer bebé elefante que nacía en un circo estadounidense. La competencia siempre anda al quite y Barnum intentó comprarle el elefantito, oferta que Bailey rechazó de pleno.

Quién se iba a imaginar que dos competidores a muerte iban a terminar trabajando codo con codo. Esto es lo que hicieron; se dieron sendas palmaditas en la espalda, se reconocieron el éxito mutuo y se unieron en 1881. Todo un golpe de efecto que se tradujo en un increible éxito del show combinado, con actos como Jumbo, "el elefante más grande del mundo".

También los genios mueren y Barnum falleció en 1891. Bailey no se lo pensó y compró el circo de su viuda. Sehabía quedado solo pero no se quedó parado: organizó muchos tours con gran éxito por el este de Estados Unidos e incluso llevó el circo a Europa en 1897. La gira europea duró hasta el año 1902.

El circo de Bailey estuvo de gira por Europa hasta 1902, años que su competencia aprovechó con rapidez. Ahí fue cuando los Ringling Brothers llevaron su show al cercano oeste por el litoral oriente. En un intento de hacerles frente, Bailey fue por primera vez con su espectáculo al oeste de las Montañas Rocosas en 1905 pero casi no le dió tiempo a contrarrestar el avance del los Ringling ya que murió al año siguiente. Mejor para él porque así no vió cómo su circo querido era vendido a los contrarios un año después de su muerte. O quién sabe, quizás de todos modos se hubieran fusionado, como ya hizo con Barnum.

Nos quedan los Ringling Brothers, cuyos humildes orígenes se remontan a un circo pequeño que empezaron en 1884, casi al mismo tiempo en que Barnum y Bailey se colocaban en la cima de la popularidad. Similar a las docenas de circos que viajaban al cercano oeste y noreste por esas fechas, los Ringling trasladaban su circo de ciudad en ciudad a través de pequeñas -pero llamativas caravanas- con dibujos de los animales del circo. Claro que su circo fue uno de los elegidos y creció rápidamente convirtiéndose en el más grande de su tiempo, lo que les permitió pronto empezar a trasladarlo en tren.

Al principio, cuando los Ringling compraron el Barnum and Bailey Circus, empezaron organizandolos de manera independiente pero pronto Charles Ringling y John Ringling, los últimos hermanos restantes de los siete que originalmente fundaron el circo, decidieron que era muy difícil manejarlos así. En 1919, el "Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus" debutó en el Madison Square Garden en Nueva York, con una publicidad que decía: "The Ringling Brothers World's Greatest Shows and the Barnum & Bailey Greatest Show on Earth are now combined into one record-breaking giant of all exhibitions".

Si bien los hermanos Ringling se convirtieron en unos de los hombres más ricos del mundo gracias al éxito del circo, sus sucesores no tuvieron tanta suerte.

El circo sufrió lo indecible durante la Gran Depresión de los años 30 pero no desapareció y fue el sobrino de John Ringling, John Ringling North, quien condujó al circo durante estas épocas difíciles. El presidente Roosevelt lanzó un cabo al circo, permitiéndoles utilizar y operar los rieles a pesar de las restricciones por la Segunda Guerra Mundial.

Acabó la guerra y el país se vistió de fiesta, no así el Circo Ringling y el circo en general. Algunas de las razones fueron el descenso de las muchedumbres, el incremento de los precios, la aparición del cine, la televisión... En esta época se dió por muerto el circo como entretenimiento... hasta la llegada de la Familia Feld a escena.

Irvin Feld (que ya trabajaba como productor empleado para la familia Ringling), junto con su hermano Israel Feld y el juez Roy Hofheinz, compraron el circo de los Ringling en 1967. Él fue quien realizó cambios radicales para mejorar la calidad y los beneficios del espectáculo. Irvin fue un hombre con vista de lince y viendo que en 1968 sólo quedaban 14 payasos profesionales, muchos de ellos con más o menos 50 años, creó el Ringling Brothers and Barnum & Bailey Clown College. También dividió el espectáculo en dos unidades móviles ("Red Tour" y "Blue Tour"), algo que duplicó el impacto del show.

A partir de entonces, el Circo Ringling tuvo numerosos cambios: en 1970, el único hijo de Feld, Kenneth Feld, reunió a la compañía y se convirtió en el co-productor de los shows, la familia Feld vendió el circo a la compañíaMattel en 1971, pero conservó el control de la producción y lo compraron de nuevo en 1982... Actualmente es Kenneth Feld quien dirige la compañía desde que su padre murió en 1984.

*Fuente: Wikipedia

jueves 21 de mayo de 2009

El domador (2)

Yo lo vi enterito. Al domador, digo. Con sus dos brazos, sus dos piernas... ni un solo rasguño. De hecho, el chichón que tenía en la cabeza se lo hizo al caerse de unas escaleras. Siempre he tenido curiosidad por cómo se empieza domando una "fiera", sea cual sea.

Creo que los dibujos animados nos han hecho un flaco favor. Lo mismo que atribuimos sentimientos a los objetos (¡ay, cómo voy a dejar mi coche en el desgüace, ay, mi Max!), pensamos que los tigres son gatitos grandes; los elefantes, pacíficos; y los leones, perros despeinados.

El domador lo dejó claro: son animales que, aunque hayan nacido en cautividad, siguen conservando su instinto. Así que ¡ojito! Por si las moscas, él los alimenta como Dios manda y cosas como pegarles, dejarles sin comer cuando no obedecen, etc. ni se le pasan por la cabeza. No vaya a ser que se tomen la revancha y no dejen ni un huesito del pie.

Algo que me sorprendió fue que los animales que él tiene nunca son animales nacidos en libertad sino que todos han nacido en un zoo o en algún circo. Todos con su cartilla de salud e identificación.

En realidad, no entró en detalles de cómo les enseña a hacer un número pero la comida juega un papel importante; como premio. Vamos que igual que enseñar a tu perro a hacer sus necesidades en la calle o ir detrás de la pelotita (lo difícil es quitársela luego), sólo que con más riesgo y gastando más en premios.

Claro que algunos animales son muy suyos y sólo quieren trabajar con él; ésta es una de las razones por la que los domadores no se suelen dejar animales unos a otros, salvo excepciones. Cada uno tiene sus animales y le contratan en función de si necesitan un tigre blanco o uno de bengala y de si sus elefantes son capaces de pintar cuadros con pinceles.

Yo me quedé a gusto después de que el domador me quitara de la cabeza la imagen de leones y tigres llenos de heridas y hambrientos dando vueltas a una mini jaula. Feliz viendo que el circo ya no es lo que era. Al menos el que yo voy a ver. O eso espero...

martes 19 de mayo de 2009

El domador

He conocido a un domador. Increible, ¿eh! Pues sí, nos presentaron y hablando, hablando, me enteré de que tenía leones, tigres y elefantes en casa. Él era un tipo inglés, como todos los ingleses de libro: rubio, blanquito, con pinta de ponerse rojo en verano... Claro que se salió del libro al decirme a qué se dedicaba. Supongo que estaría harto de contar cómo es su día a día, yo si fuera él habría dicho que era abogado. Nadie pregunta a un abogado qué hace para no correr el riesgo de que se lo cuente.

El caso es que el tipo tenía todos esos "animalitos" en su terreno. Me estuvo contando y resulta que lleva años dedicado a esto -negocio familiar- y ha trabajado en todo tipo de circos e, incluso, para anuncios de TV. Todo tipo de circos... ¡bingo! también en el Circo Ringling, aunque hace algunos años y en Estados Unidos.

Le pregunté todo lo preguntable, como si él fuera un marciano verde con cinco ojos y varios tentáculos.

Siempre imaginé que los circos viajaban por tierra, como en Dumbo y que los animales hacían toda la gira que fueran a hacer con los artistas, como una unidad que no se puede separar. Al parecer, eso era antes. Ahora, tú puedes ir tranquilamente en el asiento 22A y debajo tuyo, en la bodega, viajar unos leones adormilados. Como cuando uno lleva su perro de Madrid a casa en el avión. Pues lo mismo, pero en tamaño XXL.

Resulta que cada domador tiene sus "fieras" y son autónomos. Es decir, que son como fontaneros, para que nos entendamos, les llaman y ellos acuden si les interesa. Normalmente se les contrata para la gira europea o para la americana o para... pero casi nunca para una gira mundial. Sobre todo porque los permisos de los animales no son los mismos para Europa que para Estados Unidos. De hecho hay animales que no pueden entrar en Europa si no han nacido allí y al revés. Aluciné cuando supe que los animales están mil veces más controlados que los humanos. No sólo en cuanto a vacunas y salud sino en cuanto a alimentación. Según me dijo el inglés, pasan unos controles increibles. Quise ser elefante.

Me dijo que, por supuesto, los domadores son como todo; los hay que siguen las normas y los hay que no. Lo mismo que hay circos que trabajan con domadores pirata y los hay que no. Pero dice que eso se nota a primera vista. Según me contó, el Circo Ringling controla bastante esto, de lo cual me alegro. No quiero tener a pocos metros a un león muerto de hambre que me ve con cara de filete.

¿Sabíais que el Circo Ringling viajaba en un tren de varios kilómetros? Pero esto da para otro post...

lunes 4 de mayo de 2009

Odio las carpas

Sólo una vez en mi vida he ido a una carpa y fue una experiencia desastrosa.

Mi cámara de fotos acabó debajo de las gradas porque debajo de mi fila de sillas faltaba un tablón. Acabé calado y casi loco por una dichosa gotera que, caprichosa, no quería caer siempre en el mismo sitio e iba golpeándome suavemente primero la coronilla, más tarde la nariz, el hombro... y acabó mudándose, ¡gracias a Dios!, a la fila de delante. Hacía un frío de tres pares de narices y cogí un catarro que me tuvo pañuelo en mano durante una semana entera.

No quiero ni imaginarme lo que habría sido si a todo esto le hubiéramos añadido el olor a caca de caballo (no quiero saber cómo huelen la de los leones y demás animalitos). Mi cámara habría acabado llena de paja y vete tú a saber qué al aterrizar en el suelo (claro que habría caído sobre mullido y no se habría roto). Mis zapatos habrían terminado en la lavadora con lejía después de andar sobre ese suelo fangoso...

Así que, no os imagináis lo feliz que soy al enterarme de que el Circo Ringling no va a venir en una carpa. Creo que es el único circo del mundo que va a pabellones... ¡y me ha tenido que tocar a mí! ¡Dios existe! :) No más paja en el suelo, no más olores fétidos, no más gradas temblorosas... Lo veré sentado como un señor, no me lo voy a creer.

jueves 30 de abril de 2009

Elefantes a cuerpo de rey

Siempre he pensado que los circos son tristes desde que vi Dumbo. Me dan pena los animales ahí enjaulados, obligados a parecer mascotas caseras o fieras corrupias cuando ni lo uno ni lo otro. Probablemente, ésta es la razón principal por la que no me gusta el circo: por los rumores constantes de maltrato de animales que planean como buitres por encima de la carpa. Y también porque los payasos no me hacen gracia. Pero no me dan miedo.

He aquí mi sorpresa cuando me entero de que el Circo Ringling va más allá. Me entero de que tiene un centro de conservación para elefantes. He buscado información para ver cuántos circos tienen algo similar y, por el momento, no he encontrado ningún otro. Claro que esto costará un dinero y, para poder gastarlo, hay que tenerlo. He aquí una de las razones que pongo al otro lado de la balanza en favor del Circo Ringling. Esto es una lucha interna porque tengo un amigo que siempre quiere llevarme al circo y yo huyo y me escabullo. Me ha dicho que de esta no me libro, así que voy a buscar pros y contras de este circo. De momento ¡un hurra por Ringling y sus elefantes!


Centro de conservación de los elefantes

martes 28 de abril de 2009

Habia una vez......

¡Qué mejor canción para abrir un blog sobre el mundo del circo...! No un circo cualquiera porque a mí no me gustan los circos, más allá de su imagen romántica de la literatura y el payaso de Unamuno.

No me gusta el circo real, me gusta el que he leido. Leí mucho sobre el Circo Ringling en libros y en revistas; oí hablar de él... ¡y ahora viene a España! En él he puesto la última esperanza de que el circo no vuelva a decepcionarme.

Haré un repaso por su historia, interesante y bien larga la andadura de este circo americano por todo el mundo. El espectáculo más grande el mundo dicen...

Lo dicho... ¡¡que empiece el espectáculo!!